Filosofía

La llegada de la globalización ha cambiado totalmente el mundo de las traducciones. Por un lado, a nosotros, los traductores, nos ha permitido aumentar las posibilidades de conseguir más encargos, pues ahora podemos trabajar con clientes que se encuentran en otros países, algo impensable hace no tantos años. Sin embargo, también ha abierto la puerta a personas no cualificadas que ofrecen traducciones no profesionales y que, por lo tanto, no están a la altura de las expectativas de muchos clientes. En todo caso, la competencia es feroz.

Así, para destacar en este sector tan competitivo, aparte de guiarme por el lema “La calidad está por encima de todo”, ofrezco honestidad, compromiso y dedicación. Y, por supuesto, profesionalidad. Y esto se refleja en requisitos que no tienen todos los traductores:

Traduzco solo a mi lengua materna (el español). El objetivo es, en definitiva, conseguir un texto adecuado y perfecto que no parezca una traducción. Y solo un hablante nativo es capaz de hacerlo.

Dispongo de profundos conocimientos de los idiomas de los que traduzco. Solo así se pueden captar ciertos matices del original (a veces casi inapreciables) antes de verterlos a la lengua de destino.

Utilizo herramientas de traducción asistida, no solo para optimizar mi rendimiento, sino también para garantizar que los textos de un mismo cliente mantendrán siempre la coherencia y las directrices que este imponga, aun cuando hayan pasado meses o años entre un encargo y otro. Además, como las traducciones quedan almacenadas en una base de datos, el cliente podrá beneficiarse de descuentos sobre la tarifa normal cuando los textos de nuevos encargos sean similares o idénticos a otros ya traducidos.

Solo uso herramientas de traducción automática si el cliente así lo solicita. Si me pagan por una traducción humana, nunca trabajo con ayuda de estos programas. En mi opinión, aún no están suficientemente preparados para traducir con la precisión que necesitan los textos especializados. No tienen “sentido común”, que es una característica que se le presupone a cualquier traductor. Además, la posedición que se necesita en estos casos de no está exenta de riesgos. Si el texto traducido automáticamente contiene demasiados errores, es muy fácil pasar por alto algunos de ellos y, por lo tanto, hacer que el texto entregado no tenga calidad final.

Conozco bien la temática de los textos que traduzco y jamás acepto trabajos para los que no esté capacitada. Es una temeridad intentar traducir textos de un sector que se desconoce, pues los resultados pueden ser sumamente peligrosos, sobre todo en campos tan delicados como las traducciones médicas y especializadas. Soy ante todo honesta y prefiero rechazar un encargo a entregar un trabajo deficiente.

Me documento antes de cada traducción y mientras traduzco para poder ofrecer la calidad deseada y me pongo en contacto con el cliente siempre que es necesario para asegurarme de que se están cumpliendo sus directrices en cuanto a terminología, estilo, formato y cualquier otro aspecto que deba tenerse en cuenta.

Ofrezco dedicación, adecuación y precisión para que el cliente esté seguro de que conmigo está en buenas manos. Entrego siempre un texto comprensible y gramaticalmente correcto en la lengua de destino que refleja fielmente el texto original en todos los sentidos, no solo en cuanto a contenido y estilo, sino también en cuanto a terminología específica. No es lo mismo traducir el prospecto de un medicamento que un ensayo de laboratorio, pues los destinatarios no son los mismos, al igual que las características del manual del usuario de un automóvil son y han de ser distintas de las del manual de servicio de ese mismo vehículo.

Reviso de forma minuciosa mi trabajo y siempre realizo una o dos lecturas finales antes de entregar una traducción para asegurarme de que el texto es fluido en la lengua de destino.

Soy absolutamente puntual y jamás me comprometo a un plazo de entrega si no estoy segura de que voy a poder cumplirlo.

Y, por supuesto, garantizo la más estricta confidencialidad de todo aquello que pasa por mis manos.